La Catedral de Valladolid tiene los cimientos de papel

Valladolid tiene media catedral. Entre dimes y diretes cuenta la leyenda que Juan de Herrera dejó sin terminar su ambiciosa obra por otra aun mayor: la construcción de El Escorial.

Lo cierto es que el arquitecto que continuó los trabajos en el templo fue Diego de Praves en el siglo XVII, que a su muerte continuó su hijo Francisco de Praves –entre otros–, que siguió dale que te pego Alberto de Churriguera en el siglo XVIII y que tras varios impulsos reales y el terremoto de Lisboa de 1755 que dejó una torre tambaleando hasta 1841, año en el que acabó desplomándose, el último elemento que se colocó fue la escultura del Sagrado Corazón de Jesús en 1923. Fue, efectivamente, una construcción que se dilató enormemente en el tiempo, un proyecto ambicioso que aun contando con los mejores arquitectos que han dado los siglos en España –con perdón de Calatrava– no contaba con la argamasa adecuada: el dinero. Me atrevería a decir que la Catedral de Valladolid tenía los cimientos de papel. Y me explico. Leer más